S. María Salguero, una hermana feliz de su vocación

En la mañana del lunes 7 de marzo de 2016, en la Casa Mª Auxiliadora de Sevilla, en pleno camino de cuaresma, el Señor ha llamado a contemplar su Rostro de luz, a nuestra queridísima hermana

MARÍA SALGUERO NIETO

 

Nació en Almendralejo (Badajoz) el 5 de enero de  1931.

Profesa en San José del Valle (Cádiz) el 6 de agosto de 1954.

Pertenecía a la casa Mª Auxiliadora  de la Inspectoría Mª Auxiliadora de Sevilla- España.

María nace en el seno de una familia de 8 hermanos. Ella era la séptima. Era una familia de profundas raíces cristianas, buenos principios, muy unida y trabajadora. María sintió siempre el gran cariño de su familia y de modo muy especial de sus padres y padrinos. Al comunicar su vocación, les costó pero siente el apoyo de su madre y consigue el permiso necesario para dedicar su vida a Dios.  Quería entrañablemente a su familia, a la que ha estado siempre muy unida, sintiéndolos muy cercanos.

María conoció a las salesianas cuando era niña. Un día, en la parroquia, una salesiana que estaba de visita a su familia, se sienta a su lado, habla con ella, va a su casa y le regala las vidas de don Bosco y de Madre Mazzarello, la pone en contacto con la superiora y vive una semana con la comunidad de Hornachos (Badajoz). Después de esa experiencia, todo le parece maravilloso y reconoce que este es el camino por donde Dios la quiere. Tuvo como director espiritual a su párroco y, acompañada por su madre, entró como aspirante en la casa de Sevilla-Mª Auxiliadora, la misma desde donde ha partido al Cielo.

Los primeros años fueron de mucho esfuerzo, dedicada a un oficio para el que no se sentía preparada pero dando lo mejor de sí misma. Rezaba y le pedía al Señor fuerzas para ser fiel a su vocación y responder a lo que Dios quería. Tuvo siempre un gran amor a Mª Auxiliadora y a los niños, respondiendo de su trabajo con gran interés y ofreciéndolo todo a Dios. Se la veía alegre y feliz en el oratorio y en las catequesis, preparando a los niños a la Primera Comunión.

Pasó por diversas casas haciendo el bien: San José del Valle, Almería, Marbella; de nuevo, San José del Valle, Jerez Mª Auxiliadora, Écija y Sevilla Mª Auxiliadora, donde ha estado desde agosto de 1987. En todas estas casas ha prestado distintos servicios: cocinera, ropera, asistente de internas, clases de labores y profesora de párvulos. Ha tenido siempre un trato cariñoso y educado con todas las personas.

Humana y cercana con los niños, jóvenes y familias, María ha sido una hermana feliz de su vocación: alegre, trabajadora, muy responsable, con gran inteligencia práctica, intuye las necesidades, busca soluciones y presta siempre ayuda. Ha sido siempre muy sensible a los más pobres.

Para cada circunstancia, tenía una frase o un refrán oportuno. Se le oía decir muchas veces: “El bien no pesa; el mal pesa toda la vida”; “Hay que mirar al cielo más que al suelo”; “no quiero tener muchas cosas, quiero ser libre…

Valoraba mucho la vida fraterna, siendo siempre puntual a todos los actos de comunidad y prácticas de piedad. Estaba atenta a las hermanas, cuidando los detalles y teniendo siempre todo a punto en lo referente a las responsabilidades que tenía encomendadas.

Vivió siempre la Asistencia salesiana creativamente desde el oficio del lavadero pues en los recreos siempre los contemplaba desde arriba y los conocía, dándose cuenta de muchos detalles. Los niños que lo sabían miraban para arriba y la saludaban. Mira para arriba “allí está sor María”. Ahora esta expresión cobra más sentido para todos. Siempre se sintió parte de la comunidad educativa y era conocida y apreciada por todos los de Casa.

 

Querida S. María, ya estás en el Paraíso contemplando a Dios y a Mª Auxiliadora. Tu fe y confianza en el Señor han sido ejemplares y tu testimonio nos ha fortalecido, especialmente en estos últimos meses donde expresabas tu familiaridad con el Señor y María Auxiliadora de modo tan franco. A Ella la mirabas y le decías: “cuando tu quieras y como tu quieras” y así te has ido, dejándonos a todas edificadas por tu total entrega a la voluntad de Dios.

 Gracias por mostrarnos que vivir para y por Jesús merece la pena. Él ha sido el centro de tu vida y te regaló un gran corazón que te has llevado lleno de nombres: de tu familia, de hermanas, de niños y jóvenes.. los de toda la comunidad educativa.  

Nos encomendamos a ti, intercede por todos, también para que muchas jóvenes sientan la llamada a la vida religiosa salesiana y sean como tú, misioneras de esperanza y alegría.

 

Sor María Dolores Ruiz Pérez

Provincial

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